HEMEROTECA :: 05/03/2010
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ALCANTARILLA
Por Mª José Gomariz Lozano
Última actualización 04/03/2010@21:52:48 GMT+1
“Estoy harta de este espejo atroz que refleja mi imagen como un mal olor. Tú, querida Solange, eres mi mal olor”. Con esta sentencia de Claire a su hermana, se muestra adecuadamente la tensión, el duelo, el amor y odio que los espectadores pudieron disfrutar durante la representación de la obra “Las Criadas”, el pasado sábado día 27.
El Centro Cultural Infanta Elena fue el luagar elegido por la compañía El Empeño Teatro para el estreno de su innovador espectáculo.

La adaptación de la famosa obra del escritor francés Jean Genet, realizada y dirigida por la directora y autora teatral, Paz Martínez, muestra a dos criadas suplantando personalidades y maquinando a la sombra de su señora, haciendo de este modo suyo el pensamiento que el literato galo recogió sobre el bajo fondo de las personas.

En ella, a través de la insinuación y nunca de la demostración, se refleja la actuación del ser humano cuando es sometido en cautividad y cuando la envidia y la admiración le estremecen simultáneamente.

A lo largo de la hora y cuarto que aproximadamente dura la obra, los más de trescientos alcantarilleros que siguieron la representación fueron testigos incluso de una trágica historia de amor.

La adaptación de Jean Genet
La representación comienza con dos mujeres, que en un cálido ambiente, juegan bajo las sábanas, lograda escena, repleta de erotismo e insinuación, que deja entrever hasta qué punto puede llegar la relación de las dos protagonistas.

Las acciones trascurren en una buhardilla, un lugar del que dos hermanas, la joven Claire, interpretada por Salud Jover, y Solange, puesta en escena por Paz Martínez intentan escapar dejando atrás el tedio y el horror cotidiano al que son sometidas caprichosamente por su dueña. Sofía Balsalobre encarna a la Señora, una mujer joven, odiada por su simple condición de adinerada, cuya movilidad está limitada puesto que va en silla de ruedas, lo que le hace más vulnerable.

Durante la ausencia de la Señora, las criadas tratan de suplantarla vistiéndose con sus elegantes ropas y adoptando su personalidad. Privadas de libertad, el ambiente las embrutece y en su desesperación, las dos mujeres no encuentran más salida que la de envenenar a su señora.

Sin embargo, nuevos acontecimientos hacen que ésta salga precipitadamente de casa. Siendo conscientes de que su ansiada libertad quedaba coartada, Claire decide beberse la pócima. Solange solo puede asistir estupefacta a la muerte de su hermana menor.
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